Los profesores, independientemente de la materia que impartan, deben tener en cuenta que su función principal es enseñar a aprender, por tanto, debemos estar capacitados para aplicar la tecnología al aprendizaje. Así, debemos conocer las técnicas y las herramientas que sean válidas para su aplicación en clase y para la comunicación fuera de los centros educativos, mediante el uso de medios electrónicos.
Además, el papel del profesor en la sociedad del conocimiento debe ser el de garante y medio para llevar el conocimiento de las TICs a sus aulas y a sus centros sin discriminación de ningún tipo.
Por este motivo, los docentes de todos los niveles han de tener una formación específica en este campo: tanto en el uso técnico como pedagógico de estos modernos medios.
Gracias a las TICs los profesores podemos disponer en nuestras aulas de un bando de recursos completamente ilimitado, lo cual es un lujo, ya que hemos de reflexionar acerca de este privilegio: todo a la disposición de todos.
Por ello, ya que la sociedad de conocimiento se ha instalado entre nosotros y debido a que las TICs han revolucionado y están revolucionando el mundo educativo (y, por supuesto, también el no educativo) hay que replantearse y reflexionar sobre el papel del profesor en el aula y en su relación con los alumnos.
Cebrián establece en el año 1997 el nuevo perfil del profesor en la sociedad de conocimiento. Es precisamente en la formación del profesorado donde podemos encontrar un mayor escollo a la hora de la implantación de las TICs en nuestras aulas.
En su opinión los docentes deben tener:
a) Conocimientos sobre los procesos de comunicación y de significación de los contenidos aparecidos en los diferentes medios. Esto es educar para la información.
b) Conocimientos sobre las diferentes formas de trabajar de las distintas tecnologías. Distintos tratamientos del conocimiento y de la información.
c) Conocimientos didácticos sobre las TICs en el aula. Estos conocimientos, al igual que las distintas TICs, deben ser utilizados como herramientas de manera responsable y, siempre, planificadas desde las unidades didácticas y el plan del aula.
d) Criterios válidos para llevar a cabo la selección de materiales adecuados.
El reto que la nueva sociedad plantea al docente no se reduce a una actualización científico-didáctica sobre una serie de contenidos de la educación formal, ni se limita a los espacios escolares, sino que ha de tomar parte en la educación no formal de sus alumnos, potenciando las interrelaciones entre la escuela y sociedad. El concepto de profesor ha sufrido con las TIC un cambio profundo, pues pasa de ser mero transmisor de conocimientos a guía. El alumno también cambia, y pasa de ser un sujeto pasivo a adoptar un papel activo. (Lucas Sánchez García “Las TIC y la formación del profesorado en la Enseñanza Secundaria”)
Debemos ser conscientes de todos los medios y herramientas que la sociedad de conocimiento pone a nuestra disposición. Para ello debemos estar formados y reciclarnos, y siempre entender que los nuevos recursos no son una fórmula mágica para el aprendizaje, sino un recurso más.
Por eso debemos ser críticos y elegir qué medios y cuándo usarlos en nuestras clases de manera responsable y crítica.
De esta manera, los objetivos de la formación del profesorado en TIC han de reunir los siguientes objetivos:
• Debe ser adecuada al currículo: los contenidos y el currículo deben “necesitar” la tecnología y aplicarla de modo integrado.
• Debe ser innovadora: Los métodos didácticos deben ser renovados y ajustados a las nuevas necesidades tecnológicas.
Por tanto, tal y como menciona Lucas Sánchez García:
• Los profesores necesitan implicarse en su propia formación, aprendiendo desde dentro de la escuela sin esperar que las soluciones vengan desde fuera.
• La administración educativa debe facilitar la formación dentro de su horario de trabajo y no hacerle responsable último de casi todo.
Referencias: